ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

SOBRE LA TEORÍA DEL PUEBLO-CLASE.

DesplazadosNadie puede negar que el comercio ha tenido una participación importante en el devenir de la historia de los judíos a través de los siglos. Esa relación comenzó a desarrollarse en Canaán “lugar de intercambio de las dos culturas más antiguas del mundo mediterráneo: Egipto, Asiria”(A:L) en el contexto geográfico-histórico del nacimiento de la etnia judeo-israelita. Esa relación  continuó en diversas formas  y situaciones en los siglos anteriores a la Era Común y en el I Milenio  de la misma. “En  la Edad Media el campesino y el señor no son productores de mercaderías; cambian sus excedentes cuando es necesario; el intercambio es ajeno a ellos, es una excepción; la mayor parte de sus riquezas consistía en valores de uso trigo, ganado. La economía monetaria a través de la circulación del capital-dinero era extraña a esa sociedad” (Otto Bauer en La question nationale). En cuanto el dinero, a través del comercio, principalmente a larga distancia, particularmente en manos de los judíos era ajeno a la misma y los judíos en cuanto ajenos a la producción, lo eran igualmente.

En ese encuadre Abraham León concibió su libro Concepción Materialista de la Cuestión Judía como expresión de lo que él llamó Teoría del Pueblo-Clase. “Los judíos constituyen en la historia un grupo social con una función económica determinada. Son una clase, o mejor aún un pueblo clase” “La noción de clase no contradice la noción de pueblo: se conservaron como clase social con sus particularidades religiosas, étnicas y lingüísticas. En las sociedades precapitalistas, esa identidad estaba lejos de ser excepcional”. (A.L. o.c.pg15).

En muchos casos los pueblos conquistadores devenían clases superiores que imponían su dominio sobre los pueblos conquistados que ejercían diferentes actividades, como los dhimis (principalmente nestorianos y judíos dominados), entre los árabes o los metecos, comerciantes extranjeros, entre los griegos.

La correspondencia entre pueblo y clase es sostenida también por Kautsky que se sentía férreamente asociado al marxismo pese a sus diferencias teóricas  con Lenín. En una lamentable galimatía, con la confusión de términos (razas<> sectores sociales) luego de  especificar que “clases diferentes pueden adquirir un carácter racial específico”, Kautsky encuentra que “en una misma comunidad una de esas razas puede ocupar  una posición social diferente”.

Son numerosas las referencias entre historiadores y estudiosos judíos y no judíos de la  existencia en las comunidades judías a lo largo de los diferentes períodos históricos de diferentes clases, de acuerdo a sus diferentes actividades. Ignorar esa situación ha sido consecuencia de la desafortunada elección por parte de Abrahán León del nombre de Teoría del Pueblo-Clase para su teoría sobre las características del pueblo judío a través de la historia. En su corta vida, Abrahán León, judío polaco refugiado en Bélgica que murió en Auswitch a los 26 años no habrá imaginado que con ese nombre su teoría  se prestaría la simplificadora interpretación  de que los judíos hayan sido un pueblo exclusivamente, o aun principalmente de comerciantes. (un concepto que horroriza a la ortodoxia marxista).

En su investigación sobre las relaciones de los judíos a través de la historia en el contexto de los pueblos entre los que se desarrolló las conclusiones de Enrique J. Dunayevich lo llevaron a deducir que el encuadre teórico de la Teoría Abrahán León no implicaba que el comercio era la única actividad de los judíos, ni que la mayoría de los judíos lo fuera y menos que fuera una actividad de su exclusividad.

En primer lugar, los comerciantes así como los que desempeñaban  actividades relacionadas (cobro de impuestos, la administración de bienes de los señores, el préstamo), eran una minoría en las comunidades  judías en los diferentes países y lugares de asentamiento. El hecho es que aún ejercido por sectores minoritarios, los judíos, en los países y en las diferentes épocas y contextos donde se desarrollaron, estuvieron ubicados en posiciones particulares diferenciadoras, a veces de privilegio, otras de discriminación, a veces asociados o en competencia con otros sectores) que marcaron su situación en relación con el conjunto de la sociedad. El poner de relieve esa circunstancia, ha permitido que Enrique  J. Dunayevich haya podido internarse sin prejuicios, ni preconceptos en las diversas situaciones por las que los judíos atravesaron despojándolas de la impronta de fatalidad, de lo inexplicable o de protección o castigo divino.

En la configuración geográfica-histórica de Cercano Oriente, Israel y luego Judá encontraron la vía de desarrollo a pesar del encierro físico militar en el que los acantonaron los Imperios que los rodeaban. Ese contexto los condujo a la búsqueda de una salida a través de la expansión física de la dispersión: la Diáspora.

La política expansiva del helenismo,  las ventajas y privilegios que significaron para los judíos y las modificaciones económicas y sociales romanas, implicaron las actitudes oscilantes, discriminatorias y restrictivas del período romano. Esas actitudes se trasladaron al período que siguió a la Destrucción del Segundo Templo y al comienzo del desarrollo del cristianismo. Esas actitudes no eran antisemitas, eran antijudías

Esa fue la impronta de la Iglesia con relación a los judíos en Europa Occidental  durante la primera mitad del I Milenio.  Su política y la de los sectores gobernantes cristianos (con numerosas, leyes, disposiciones y cánones), era antijudía en cuanto la preocupación fundamental del cristianismo era la  de afirmarse y desplazar a los judíos, aún si minoritarios, del lugar que ocupaban en la sociedad una situación de prestigio e importancia, dada  sus relaciones con el poder arriano, merovingio o carolingio.

El judaísmo farisaico no era proselitista, pero esas situaciones implicaron la atracción por parte de sectores cristianos o paganos; una situación que frecuentemente  derivaba si no en conversos, en  individuos “judaizantes” o aún simpatizantes. El “peligro” judaico no era tal, pero el judaísmo no dejaba de generar preocupación por las dificultades por parte del cristianismo en avanzar en sus objetivos. Ante esa situación, la Iglesia desplegó una serie de actitudes discriminatorias anti religiosas  antijudaicas, que no eran de antisemitismo. El pueblo judío no era “todavía” testigo y culpable de la muerte de Jesús, que es lo que define el Antisemitismo Cristiano.

El Antisemitismo Cristiano  va a surgir recién  a fines del Milenio  y comienzos del siguiente,  con la expansión de la  economía y el nacimiento de la burguesía comercial cristiana. Una situación en correspondencia con la confirmación por parte de la Iglesia de las dificultades en obtener el abandono de las esperanzas mesiánicas por parte de los judíos.

A partir del II Milenio EC con el desarrollo del intercambio y el nacimiento de la burguesía manufacturera, la relación de los judíos con el comercio tomó nuevas formas. Desplazados parcialmente por los mercaderes cristianos, los judíos  se acantonaron en las finanzas y en el comercio del dinero (la usura). Es, durante las primeras Cruzadas, el nacimiento del Antisemitismo Cristiano, y de las persecuciones. Las expulsiones y encierros guétticos, vinieron sólo varios siglos después.

El período del I y II Milenio  está fundamentalmente tratado en:  Del Antijudaísmo al Antisemitismo en el I  y II Milenio EC. (Ver Artículo “Sobre el Antijudaísmo y el Antisemitismo”)

 

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