ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

LA FORMACIÓN DE LAS ETNIAS EN EL CONTEXTO DE LA HISTORIA

Por Enrique Dunayevich

Buenos Aires 1 de enero de 2017

A propósito del título

Pensamos que el título adoptado, menos abarcativo y más preciso, se ajusta más al    contenido del libro sobre el que está basado, La Historia de la Civilización de Vere Gordon Childe que se refiere a una de las preocupaciones de la Historiografía actual, el período de  la Revolución Neolítica que deriva en la Revolución Urbana, en nuestra opinión la base de la Formación de las Étnias en Cercano y Medio Oriente. (1)

(1)Vere Gordon Chide arqueólogo y lingüista australiano de la primera mitad del siglo pasado, desarrolló la mayor parte de su vida profesional como académico en Óxford, Edimburgo y Londres avocado particularmente a la prehistoria europea investigando entre sus trabajos de campo el período neolítico en las Orkadas del Norte.

Valga aclarar que entre otros propósitos consideramos a este artículo como introductorio a otro que está en nuestra agenda de estudios, la formación de la etnia judía, un tópico en el que creemos poder apartarnos del tradicional judeocentrismo que ha empañado la Historiografía actual.

En el principio Dios creó los Cielos y la Tierra

Judíos o no judíos, creyentes, tradicionalistas o no, no es infrecuente que aquellos que  se refirieren al devenir de la historia no se hayan apoyado las narraciones del Antiguo Testamento.

No nos vamos a referir aquí a la no validez histórica de la Torah y los 19 libros que lo componen, a sus imprecisiones, anacronismos y contradicciones; un tema que hemos tratado en Los Judíos en la Trama de los Imperios Antiguo, ampliamente desarrollado en la literatura historiográfica actual.(2)

(2) Situaciones como el Éxodo, la supuesta huida masiva de los Hebreos de Egipto, la gesta de la Conquista y el Asentamiento en Canaán, la alianza del poderoso y sabio rey Salomón con  el rey Hiram  de Tiro en la que los descubrimientos arqueológicos del siglo transcurrido han remplazado al primero por los  integrantes de las dinastías Omri y Jehu, de Israel que  reinaron medio siglo después.

El hecho es que el Antiguo Testamento, la Tanah, que ha enmarcado la ideología judeo-cristiana de los dos últimos milenios, yugulando el desarrollo del pensamiento del mundo occidental, no puede ser ignorado en cuanto a la formación de la etnia judía¸ además de que las Sagradas Escrituras han recogido, mitos y leyendas de otros pueblos con existencias efímeras o formadoras de grandes o pequeños imperios, mitos como el de Noé y el Diluvio, la Torre de Babilonia o leyendas de héroes como Gigalmesh o Edipo  de los que Moisés es la contrafigura.

Pareciera que fueran un punto de partida obligado, por la casi correspondencia entre el año 3 760 aEC, año del Calendario Judío, en el que Dios habría creado los Cielos y la Tierra y la creación de la escritura entre el 3 000 y el 3 500 aEC. Un antes y un después para los seguidores de la Biblia y para la civilización occidental y oriental, que adoptó el 3 000 aEC como el del nacimiento de la Escritura y el paso de la Prehistoria a la Historia, un hecho saliente en el conocimiento de la vida del hombre, en cuanto implicó la posibilidad de obtener testimonios cuasi directos de sus actos, propósitos y pensamientos. Aún si frecuentemente, como en el caso de las Sagradas Escrituras no siempre objetivos,  en cuanto sus autores materiales, los escribas o sacerdotes, acomodaban los hechos a los intereses de las autoridades que los subsidiaban.

Un después en el que Dios en los seis días siguientes a la Creación, separó la luz de las tinieblas, hizo que la tierra emergiera de las aguas, que comenzara la vida, que nacieran las plantas y los animales, que creara el varón y la hembra en el sexto día y que descansara en el séptimo.  Un antes y un después que  ignora el BIG BAN, los Agujeros Negros y los CUATRO MIL SETECIENTOS  MILLONES DE AÑ0S (4.700.000.000 = 4,7X109), que se escalonan en períodos fabulosamente largos que se van reduciendo en magnitudes–exponenciales. (2)

(2).Períodos como los 2.700 Millones de las ERAS EÓNICAS durante los que se fueron formando las estrellas, los sistemas solares, los planetas y la Tierra hasta los 570 Millones de años, cuando comenzaron los Períodos Geológicos con las 5 GRANDES GLACIACIONES,  a “solo” 70 Millones de años  con los dinosaurios y los primeros mamíferos. De ahí a los 2,7 Millones con la  Quinta Glaciación y el Cuaternario o Neozoico  con los Prehomínidos, los Australopitecos. Un “breve” período en el que van pasando los Pitecántropos, los Homo habilis,  los Homo erectus, el Neanderthal, hasta que entre los 200 mil y los 160 mil años, recién entonces,  con al  Cromañón, con el nombre generalizado de Homo Sapiens, comienzo de “nuestra” Prehistoria.

 En el contexto de la Prehistoria

El referirnos al Hombre y su ubicación en el decurso de las Eras de la Tierra o Edades Arqueológicas plantea una contradicción taxonómica que resulta de interés entender en cuanto al criterio clasificatorio por el protagonismo del Hombre en el tramo final de la Historia de la Tierra.

Del criterio evaluatorio geológico-glaciológico utilizado para la Historia de la Tierra, se pasó para la Era del Hombre a una concepción  cultural-social-institucional en la que no es ajena el haber tomado el año 3 000 aEC el del nacimiento  de la Escritura, como año del paso de  la Prehistoria a la Historia (3).

(3). Valga señalar que estas dos últimas etapas, tienen una impresionante desproporción acorde con la fragorosa reducción en  la duración de los períodos a lo largo de las sucesivas Edades del Universo y de  la Tierra; así de los 200.000/160.000 años de su duración,  el 98,25% corresponde  a la Prehistoria en el interminable período en el que los hombres empezaban a definirse culturalmente y las cincuenta y sieteavas partes restantes, a la Historia, con la variedad de cambios y situaciones culturales que tuvieron lugar.  Ver  el Cuadro de los PERÍODOS DE FORMACIÓN DE LAS ETNIAS al pie del artículo.

En el cuadro de las Edades de la Tierra, el Cuaternario o Neozoico comenzó  hace  2 700 000 años (2,7 millones de años)  con el Pleistoceno seguido del Holoceno. Con el Pleistoceno se inician las Edades de Piedra: el Paleolítico y el Neolítico.  Aquí, al incorporar la Edad del Hombre al marco  de las Edades de la Tierra, empiezan nuestros primeros problemas.

En el Cuaternario, el Paleolítico o Antigua Edad de la Piedra es también Edad de la Piedra Tallada y el Neolítico o Nueva Edad de la Piedra, es la de la Piedra Pulida; comparten el criterio clasificatorio adoptado para la Edad de la Tierra y para la Edad del Hombre. Ahora bien en  el criterio adoptado para la Edad de la Tierra, la Edad de la Piedra Tallada y la de la Piedra Pulida, son dos períodos sucesivos. Cabe preguntarse, si esas designaciones con el criterio de evaluación adoptado para la Edad del Hombre, no implican un desajuste y contradicción.

Hace 2 700 000 años, en el Plioceno los Prehomínidas, los Australopitecos, vivían de la caza, de la pesca y de la recolección de granos silvestres, raíces, insectos y maricos. Con la caza y la recolección tenían una capacidad limitada de producción. En un tiempo indeterminado, los Prehomínidas aprendieron a seleccionar  las maderas, piedras y huesos que utilizándolos como mangos, puntas,  masas o elementos cortantes, pudieron acceder a los primeros utensilios para su alimentación y para protegerse del clima.

. En el marco de una población limitada, subalimentada, con los beneficios de la coordinación de sus acciones para la caza grupal de grande animales que habría incrementado la alimentación, vigorizado su musculatura fue la toma de conciencia de las posibilidades de enfrentar la naturaleza. Cuando las piedras que utilizaban no eran directamente apropiadas para el uso que se requería se empezó a fracturarlas, a tallarlas o a pulirlas para fabricar instrumentos cortantes, punzones o raspadores. El hecho es que  la Piedra Tallada y la Piedra Pulida supuestamente dos etapas sucesivas en la evolución tecnológica, aunque indudablemente implicaron una mejora en la calidad de las herramientas, no modificaron conceptualmente  la forma de vida  y convivieron  según las posibilidades de los pueblos o, como veremos, persistieron a lo largo milenios. Resultaba pues desactualizado  tomar esas situaciones como referencias temporales en la Edad del Hombre.

La referencia a las Eras o Períodos Glaciares o Geológicos no implicaba en general una ubicación específica en el globo terráqueo en cuanto los períodos correspondían a fenómenos globales de la Tierra: la Era Glaciar Segunda o Criogénica con la Tierra Bola de Nieve; la Era Geológica Secundaria o Mesozoica, a  un período en el que las lluvias, los grandes bosques, los dinosaurios se distribuían en gran parte del planeta. Con la Edad del Hombre, en cambio comenzaron a regir otros criterios para definir los períodos sucesivos en el sentido de que debían corresponder a las modificaciones de las formas de vida. De ahí resultó que el fin del Neolítico y el paso a  las Edades de los Metales tuvieron lugar en  diferentes momentos en los distintos lugares de la Tierra, en correspondencia con las posibilidades de utilización de los metales en la fabricación de herramientas, utensilios o armas que el hombre comenzaba a usar. La utilización de esos metales no estaba relacionada únicamente con el lugar fortuito donde se los encontraba, las expediciones guerreras o comerciales para obtenerlos eran frecuentes, era  definitorio el hecho cultural de haber logrado conocimientos geológicos-metalíferos para ubicarlos y conocimientos físico-químicos y técnicos para reducirlos. Esas posibilidades eran el resultado del logro local de un conjunto de situaciones ecológicas, económicas y de desarrollo social. Así mientras en el Siglo X aEC algunos emplazamientos mesopotámicos comenzaban a salir del Período Neolítico, Europa Occidental alcanzó ese período recién siete siglos más tarde, en el siglo III aEC, y en América, en la Patagonia y Tierra del Fuego lo tehuelches, los onas y los yamanes, en el siglo XVIII EC, veintiún siglos después seguían en el Neolítico, (estaban  en la prehistoria). Algo similar ocurrió en Cercano Oriente con la Edad de Hierro I vigente en el siglo X aEC y en Europa recién cinco siglos más tarde.

No es esta la única situación de desajuste en la que se encontraba la Historiografía, también cuando se ubicó a los Prehomínidas (el Homo Habilis y el Pitecantropus) en el Paleolítico Inferior, fuera del Período Prehistórico y cuando  se ubica la Edad del Cobre y la del Bronce en el período final del Neolítico.

Hacia la Revolución Neolítica

El Homo Sapiens habría nacido 200 000 aEC. Con el Homo Sapiens termina la Evolución Orgánica de los homínidas. Ello no significa que el hombre no haya seguido evolucionando orgánicamente, sino que por sus características corresponde a una etapa distinta de los Prehomínidas: la expansión del cráneo y de la masa cerebral con la ampliación de sus funciones, la adopción del lenguaje, una definitiva adaptación de los miembros anteriores a la posición erguida con lo que  amplió su destreza en el uso  de las manos para  valerse de elementos de la naturaleza como la madera, la piedra, los huesos.

Los progresos tecnológicos se fueron acumulando como con el invento del arco y la flecha, la primera “máquina” y el de la azuela (llamada neolítica), una laja de piedra de grano fino con un borde pulido hasta devenir cortante ensartada en el extremo de una estaca o asta de venado. El control del fuego fue otro gran paso en el proceso de reducir la dependencia de la naturaleza (la cocción de alimentos para hacerlos más digeribles, la iluminación de las cuevas, la defensa de los animales). El fuego colocó al hombre ante situaciones que difícilmente pudo entender y abrió el camino de la hechicería, la magia, el culto de los muertos.

A los 150 000 años de la probable aparición del Homo Sapiens, es decir transcurridas las tres cuartas partes de los 200 000 años de la historia humana, en el Paleolítico Medio  (Período Musteriense), el hombre había acumulado elementos materiales y relacionales que le permitieron superar el primitivismo inicial.

Circunstancias fortuitas o intencionales, aisladas o reiteradas dieron lugar a que aproximadamente en el 50.000 aEC comenzara la siembra de semillas, el cultivo de plantas. Ello había sido posible porque las actividades de la caza, la pesca y la recolección habían abierto la disponibilidad de mayor tiempo para la experimentación de cultivos con diferentes especies con lo que el hombre pudo obtener un surplus en la producción de alimentos. Algunas de las especies  resultaron ser forrajes con las que surgió la idea de la cría de ganado. Fue  la puesta en marcha de la agricultura y la ganadería.

Con la agricultura y la ganadería el hombre había dado un paso adelante para mejorar las condiciones de vida. Ello no significó el abandono de  la caza, la pesca y la recolección en cuanto esa coyuntura posibilitó aún más la  disponibilidad de tiempo para la búsqueda, los experimentos con otras especies así como el mayor rendimiento de los cultivos a partir de diferentes prácticas en pro de un  mayor acceso y aprovechamiento de los bienes de la naturaleza. Una situación con un efecto multiplicador que explica los avances en el aprovechamiento tecnológico durante esta etapa de la  Edad del Hombre.

Con ese sustento y esa metodología la humanidad siguió adelante. La agricultura incentivó la observación de las estaciones, la evaluación del ciclo solar, la programación de las siembras, de las cosechas y el papel del sol como divinidad.

La etapa siguiente, según el criterio Geológico para las Edades de la Tierra, fue el Paleolítico Superior (el Solustrense y el Magdalense) culturalmente el nacimiento de la actividad artística, el dibujo de figuras sobre las paredes de las cuevas, los decorados, las escenas en bajo relieve y los amuletos (imágenes femeninas) para favorecer la caza, la cosecha y la fertilidad.

El Paleolítico Superior, a 12 000 años aEC sería la última etapa del Paleolítico. Según el criterio arqueológico sería el inicio del Neolítico. Una designación dudosamente válida en cuanto de acuerdo al criterio metodológico adoptado para la Edad del Hombre, entramos en la Prehistoria que desconoce la validez del término Neolítico en cuanto a Edad de la Piedra Pulida supuestamente identificado con su uso. El período que se inicia precede al que Gordon Childe designó como Revolución Urbana, vigente en el 3 000 aEC con el comienzo de la Historia.

Nos encontramos en un período intermedio en el que los cambios que van a culminar con la Revolución Urbana. En su etapa final, probablemente a partir del 8 000 aEC comienzan a desarrollarse las Edades de los Metales: la aplicación del cobre, luego la del bronce que junto con el hierro tienen pleno desarrollo en la Revolución Urbana.

Ambos períodos fueron particularmente estudiados por Vere Gordon Childe cuyos comentarios y explicaciones nos ayudan a entenderlos. El período, que precede a la Revolución Urbana, Gordon Childe lo ha acuñado con el nombre de Revolución Neolítica o Primera Revolución. Referirse a este período como a la Revolución Urbana como “revolucionarios” no implica que correspondan a situaciones de violencia. Tuvieron el equivalente en la Revolución Industrial Europea del siglo XVII y XVIII  en la que ni Newton ni Watt pueden ser considerados promotores de la violencia en la explotación de la clase obrera y el trabajo infantil. Una relativa similitud que también puede encontrarse en el cambio radical del incremento de población en ambos períodos. De todas maneras es en esta etapa final de la Edad de Piedra, cuando la utilización del término Neolítico aparece más inapropiado aún si la utilización del término “revolución” se puede justificar. Es cuando el Hombre entró en una Etapa de desarrollo trascendental que configuró un cambio en su relacionamiento con la naturaleza a través del descubrimiento de las aplicaciones de los minerales.

Las consideraciones anteriores, deberían permitirnos ubicarnos mejor sobre la validez del criterio adoptado para dividir la Edad del Hombre y en la incoherencia de la  utilización del término “neolítico”, como equivalente de “piedra pulida” para referirse a la transición que fue la Revolución Neolítica.

La diversidad de actividades y de producciones significó una economía autosuficiente pero no de aislamiento. Agrupados en pequeños poblados (aldeas), los hombres del Neolítico eran la expresión de una primera organización social a través de una incipiente institucionalización consolidada por creencias o ideologías mágico-religiosas como el totemismo. No existen testimonios de la existencia de caudillismos al no haberse encontrado tumbas notablemente diferenciadas como evidencias de haber pertenecido a personas de jerarquía, o casas que pudieran haber sido palacios; solo ruinas que pudieron estar destinadas a una actividad comunitaria.

Esa conformación condujo a un comercio irregular para el intercambio de los sobrantes y faltantes, a contactos más frecuentes, además de los accidentales entre pastores y cazadores, que significaron la conformación de una red informal de comunidades y  el relacionamiento social e individual que  caracterizó  la Revolución Neolítica. Valga señalarlo que no fue la expresión de una forma superior de organización de una civilización diferente, sino un cúmulo de aplicaciones  que el hombre  fue implementando y de herramientas que fue ideando, que abrieron el camino a otra etapa en el devenir de la humanidad, la etapa que Gordon Childe llamó la Revolución Urbana, o Segunda Revolución, el inicio a la Formación de las Etnias.

Estamos todavía en la Prehistoria y la arqueología no nos ha permitido mayor precisión en cuanto a cómo se dio el pasaje de la Revolución Neolítica a la Revolución Urbana. Un período en el que los pequeños poblados de campesinos autosuficientes fueron creciendo hasta convertirse en ciudades populosas, organizadas en estados. En una región que se extendía desde el Nilo y el Mediterráneo Oriental a través de Asia Menor, Anatolia, Canaán, Siria, Irak, la meseta iraní, al valle del Indo. Una región que comportaba dos ecologías diríamos opuestas, la de la zona central de la Media Luna Fértil,  con manantiales perennes y lluvias estacionales, no siempre suficientes, que se prolongaba al oeste hasta el Asia Menor y al este hasta la India,  en oposición a otra ecología a los extremos de la Media Luna con el Nilo de las avenidas anuales,  los cauces pantanosos del Tigris y del Éufrates y  la cuenca del caudaloso Indo.

Ambas regiones con comunidades agrícolas que escasamente habían podían producir un surplus de excedentes alimentarios con los que pudieran desarrollarse; economías en aparente estancamiento del que la humanidad parecía no tener salida.

Pero con los avances de la Revolución Neolítica, la humanidad disponía de dispositivos con los que lo iban a lograr la autosuficiencia para poder superarlo: la diversidad de actividades, la existencia de una primera organización social a través de una incipiente institucionalización y los adelantos tecnológicos.

La primera de las ecologías, con sus regiones montañosa centrales, albergaba una riqueza que desconocía en cuanto a las posibilidades que su explotación podía brindar. Se trataba de los minerales hasta entonces no particularmente atractivos que las rocas superficiales o las vetas profundas ocultaban. ¿Cómo se pudo dar esa salida del estancamiento, punto de partida de la Revolución urbana en la que la Revolución Neolítica derivó?

Aparentemente se habría dado a través de un largo proceso de descubrimiento  y de posibilidades del cobre.  El inicio pudo haberse producido sido con la formación de un aglomerado de cobre nativo por el abandono fortuito de unos trozos de malaquita en las brasas de un fogón. El paso siguiente, el batido (martillado) hasta reducirlo a chapas  con bordes filosos, un “curioso” mineral “mágicamente” transustanciado. Se había logrado un  material con el que se podría reemplazar  la piedra pulida para fabricar los utensilios que en ese momento se utilizaban. Las experiencias habrían mostrado que el material era fusible y moldeable, menos frágil y con filo más durable que la piedra.  Tras sucesivas experiencias  se habría puesto a punto herramientas como hornos y fuelles con los que se pudo alcanzar y mantener los 1 200o necesarios para la  fundición; a partir de la cual, con  la utilización de tenazas, crisoles y moldes y la puesta a punto de procedimientos específicos, se pudo  obtener las formas que el cobre, por su ductilidad, hacía posible.

La complejidad  y el cúmulo de conocimientos y experiencias para llevar adelante este proceso, derivaron  en la necesidad de la formación de especialistas, artesanos, forjadores que trabajaran exclusivamente en la producción metalúrgica del cobre. Para ello era necesario la producción de un surplus alimentario que pudiera mantenerlos. Un superplus que sólo se podría obtener  con la producción de un a superávit de exportación de los productos con los que no se tenía los operarios para producirlos. Un círculo vicioso,

En cuanto a las ecologías del valle del Nilo con sus avenidas anuales y la de los cauces pantanosos del Tigris y Éufrates mesopotámicos y del Valle del Indo con suelos aluvionales o limosos sin recursos minerales, fundamentalmente productoras de insumos alimentarios, veían limitada su producción a las contingencias climáticas anuales, situación que podrían superar en la medida de que pudieran ejecutar obras civiles que encausaran o contuvieran las corrientes fluviales.

La Revolución Urbana

El aparente estancamiento en el que se encontraba la humanidad parecía no tener salida. Pero con los avances de la Revolución Neolítica se disponía de dispositivos que podían poner en marcha  mecanismos para superar el parate; nos referimos a la diversidad de actividades a las que la  autosuficiencia  y  la existencia de una primera organización social a través de una incipiente institucionalización, habían dado pie.

Los avances de la Revolución Neolítica habían creado las bases de la existencia de un estado en el que la diversidad seguía siendo motora aunque a veces azarosa en la búsqueda  de un mayor aprovechamiento de la naturaleza. En las regiones centrales con el aprovechamiento de las nuevas herramientas para generar un mínimo surplus de alimentación y de exportación; en las regiones de ecología  fluvial, plataformas primarias de productos alimentarios, la generación de  un surplus de alimentación se habría igualmente podido producir a través de mecanismos distintos y complementarios: el poder coercitivo y organizativo del estado con la existencia inicial de caudillos que,  aunque limitadamente, hacían ejecutar obras civiles, para el mejoramiento de la producción (obras de riego o de contención) con la mano de obra disponible que las alternancias estacionales o las poco infrecuentes situaciones de hambre de las regiones vecinas, hacían posible.

En ambas economías opuestas se generó un mecanismo multiplicador complementado por el intercambio comercial y el enfrentamiento en guerras o invasiones. A mayor producción, mayores saldos exportables o mayor interés en saquear o confiscar los insumos de las regiones productoras. Una situación que atraía a una población que buscaba desplazarse a los territorios de producción; que se concentraba en ciudades cada vez más grandes; donde los caudillos se convertían en monarcas o sacerdotes supremos. Fue la consolidación de las creencias o ideologías mágico-religiosas como el totemismo, el fin del período protodinástico y el nacimiento de las clases; la clase dominante de palaciegos y sacerdotes y la de los artesanos, de los trabajadores dependientes o cautivos.

En el contexto de estas economías conflictivas opuestas y complementarias, ¿Cómo se habría dado en cada una de ellas el proceso de desarrollo que las llevó a la Revolución Urbana?

En las regiones centrales proveedoras de minerales, base del pasaje a la Edad de los Metales, lo que movilizó el mundo de la etapa final del Neolítico, no fue inicialmente de interés el uso de los metales como tales o como artículos de lujo, sino sus particularidades como adornos. En el caso del oro y la malaquita aplicados en los párpados por su color, además de la cualidad de desinfectante del carbonato de cobre de la malaquita en enfermedades oftálmicas, frecuentes en esos países. Ese poder, atribuido a virtudes mágicas, habría sido atribuido con diferentes significados a otras piedras o metales como el ópalo y el ágata y a veces a amuletos, que se suponía tenían el poder del objeto que representaban: la fuerza del toro, por ejemplo. El nacimiento de la exploración para la  explotación de minerales y la actividad metalúrgica misma, no habría sido pues inmediato. Después del descubrimiento del cobre, el de su aleación con el estaño, dando lugar al bronce tuvo lugar con no mucha anterioridad al año 4 000 aEC. El conocimiento de las posibilidades del hierro, sustento del nacimiento de la Edad del Hierro, fue en cambio bastante posterior, no  antes del 1 400 aEC.

Cabe ahora referirnos al otro ámbito en el que la Revolución Urbana tuvo una expresión más saliente en cuanto involucró al Valle del Nilo, a la Mesopotamia del Éufrates Tigris y al Valle del Indo, con un impacto histórico trascendental por lo cultural y monumental.

Eran regiones en las que por su ecología fluvial y las condiciones climáticas de las regiones vecinas, las situaciones de desarrollo de la Revolución Neolítica prendieron con mayor trascendencia.

Las situaciones de hambre de las regiones vecinas y el atractivo por las posibilidades de mayor surplus como fuente directa de alimentación aprovechando nichos de fertilidad no controlada, favorecieron corrientes migratorias, la creación de grandes ciudades, la abundancia de mano de obra. Todo ello jugó en pro del fortalecimiento del estado.

En Egipto, El Valle del Nilo desde la Primera Catarata hasta el Cairo alrededor del 3 000 aEC se llenó de un collar de poblaciones. Fue en coincidencia con la unificación de los dos reinos, el del Bajo Egipto y el del Alto Egipto, bajo Namer o Manes de la Dinastía I. Durante el Imperio Antiguo, Dinastía I a IV se construyeron obras monumentales (las Pirámide, Gizet) y un ambicioso plan de obras civiles, lo que hoy llamaríamos política de estado: el avenado de los pantanos, el trazado de canales de drenaje o de riego, las ataguías, los diques, los remansos; en El Fayum un oasis a 100 Kilómetros de el Cairo, en medio del desierto libio, de 70 Km por 60 km canales de irrigación para los meses de sequía.

En la Mesopotamia del Éufrates Tigris, en el 3 000 aEC. las poblaciones ya no se agrupaban en comunidades de simples agricultores, sino en Estados que incluían diferentes profesiones y clases. Eran estados dominados por sacerdotes, príncipes, escribas y funcionarios y por un ejército de artesanos especializados, soldados profesionales ajenos a la ocupación primaria de producir alimentos. Los objetos que se desentierran ya no son instrumentos para la cacería sino ornamentos, armas, joyas, vasijas producidas por expertos. Lo mismo las ruinas que se desentierran corresponden a palacios, templos, monumentos (zigurat), tumbas grandiosas además de objetos y rarezas importadas. Las ciudades se habían extendido y multiplicado. Las clases superiores subsistían gracias al surplus que los trabajadores producían y se adornaban y decoraban con productos que importaban a través de una vasta red de comercio exterior; era el ámbito de la Revolución Urbana.

Alrededor del 3 500 aEC los sumerios se habían instalado en la región mesopotámica. Su origen no está para nada claro; no se conoce con certeza si eran autóctonos de la Mesopotamia o provenían de alguna región cercana. Constituyeron un conjunto de ciudades-estado independientes con sistemas económico-religiosos similares. Las ciudades más importantes fueron Uruk ( Erek), Ur, Erida, Umma, Lagash. Su lucha por lograr la supremacía era frecuente, aunque raramente lo  consiguieron. Uruk fue la primera ciudad dominante; fue el ámbito del creciente uso del cobre, del adobe y del torno de  alfarería.  En 2340 Lugalzagesi de Umma logó una unificación provisoria derrotando a las ciudades de Lagash, Uruk, Ur  y Larsa. La humanidad les debe importantes avances: la escritura cuneiforme, la rueda, la medicina, el sistema sexagesimal.

En 2 340 aEC. Sargón de origen acadio  (semita) consigue el poder en Akkad y Kish y derrota a Lugalzagesi, comenzando así el Imperio Acadio. En 2 220 aEC el Imperio Acadio cae frente a las tribus nómadas de los Amorreos y Gutis. Comienza un periodo de transición que dura unos cien años. En 2 100 aEC Uruk expulsa a los Gutis lo que supone un resurgimiento de la cultura sumeria; Uruk pierde la hegemonía de la región frente a la ciudad de Ur (Renacimiento neosumerio).

Después del renacimiento sumerio, Babilonia  se fue convirtiendo en una potencia regional, sustituyendo el papel que habían tenido  en Akkad y Kish para posteriormente convertirse en capital de un vasto imperio bajo el mandato de Hammurabi (siglo XVIII aEC). Desde entonces se convirtió en un gran centro político, religioso y cultural. aún en época helenística, ya despojada de su segundo imperio y caída en desgracia frente a otras grandes ciudades como Persépolis.

En cuanto al Valle del Indo en el extremo oriental, el trío ecológico fluvial en el año 2 500 aEC de la Revolución urbana ya se había consumado. Para ese enctoncesd en Sind y en Penjab se habían establecido grandes ciudades. Los edificios eran principalmente de ladrillos cocidos en horno y su altura era por lo menos de dos pisos; estaban alineados según trazados evidentemente conforme a planes preconcebidos; contaban con un servicio de alcantarillado; ello implicaba la existencia de un estado con los correspondientes funcionarios. Entre los edificio se pueden distinguir las  suntuosas moradas de los comerciantes ricos, las de los funcionarios, los talleres y fábricas y las chozas de los artesanos y trabajadores. Una comunidad de tal envergadura  no podía no implicar la existencia de artesanos especializados –ladrilleros, carpinteros, alfareros, forjadores de cobre, vidrieros (conocían los secretos de la fabricación de cerámicas vitrificadas), orfebres y joyeros. Ese nivel de civilización se complementaba con un sistema de escritura, de notación numérica y normas de pesos y medidas.

Las situaciones a las que nos hemos referido en cuanto al aprovechamiento y control de las fuerzas de la naturaleza, corresponden a la primera etapa de la Revolución Urbana. La Revolución  siguió adelante con nuevos aportes y descubrimientos.

En el 4 000 aEC el asno y el caballo domesticados, además de como bestias de montar, cumplieron una importante función en el transporte como bestias de carga; también el toro y el buey en el 3 000 aEC en las estepas o terrenos arenosos, arrastrando la narria, una especie de trineo sobre un entramado de tablas de filo. Con estos animales tirando del arado, el hombre pudo decuplicar la superficie que con la azada podía cultivar.   La domesticación del camello fue muy posterior, en el 1 000 aEC, otro de los burdos anacronismos del Antiguo Testamento.

Otra conquista culminante de la época: la rueda de transporte de eje horizontal, Fue un descubrimiento cuya tardanza en aparecer sorprende a primera vista; el hecho es que la tecnología de la carpintería de madera que la rueda requería era harto complicada (eje, rayos, llantas y ensambles); inicialmente se habían utilizado troncos como rodillos. La rueda de modelar del alfarero, de eje vertical, fue indudablemente muy anterior: entre el 5 300 y 5 000 aEC.

La introducción de la rueda conjugada con la utilización de los animales como fuerza de  arrastre o de tiro dieron pie a un avance  fundamental en el transporte de mercancías: el carro de dos ruedas, la carreta, la carroza. Paralelamente a las mejoras en los medios de transporte terrestre se desarrollaron las de navegación: los barcos a remo y los de vela. Los barcos eran construidos con la madera de cipreses y cedros del Atlas del Líbano  de la que Egipto padecía. La utilización de la madera allanó el camino de la arquitectura con la construcción de los templos y palacios. Los egipcios primitivos se habían contentado con simples refugios de juncos y argamasa de barro; los protosumerios con túneles entre cañaverales o esteras apoyadas en enrejados de varillas. En el año 3.000 aEC en Siria o Mesopotamia se inventó el ladrillo, (masa de barro moldeada, mezclada con paja y secada al sol). Su invención fue un avance de la arquitectura en la libertad de las formas (la invención del arco).

El hecho de que la Revolución Urbana configuró un proceso continuo, lineal, sin sobresaltos, una generalización de las situaciones de cambio en las que se sientan las bases de la formación de las Etnias, no nos debe hacer olvidar que tuvo lugar en una etapa bisagra en el devenir de la Humanidad, la invención de la Escritura en el 3 500/3 000aEC, el comienzo de la Historia.

 Conclusión

Para terminar con relación a la Revolución Urbana, y ahora en cuanto base de la formación de las Etnias, vamos a  mencionar solamente algunas situaciones en el contexto de la Revolución urbana en correspondencia con la formación de la Etnia Judía, un tópico que trataremos en otro artículo.

En la diversidad ecológica de Cercano y Medio Oriente   fueron frecuentes los desplazamiento a veces masivos en regiones expuestas a inundaciones o catastróficas plagas generadoras de falencias alimentarias que significaban el hambre para los campesinos y para los pastores que apacentaban sus rebaños; otras veces los desplazamientos eran provocados por guerras de conquista o en busca de mano de obra. En todos esos casos, como demandantes de sustento, como cauticos por la fuerza debían soportar el mal trato  y las condiciones de inferioridad.  (4)

(4) Eran situaciones como la expansión amorrea en el 2 100 aEC que corresponde a la llegada  de Abraham a Canaán. Con una segunda parte, el espectro del hambre (“había hambre en Canaán”) que habría impulsado a cananeos y amorreos a buscar refugio en el Valle del Nilo, el episodio bíblico de Jacob- Israel y sus hijos (aunque no hay referencias extra-bíblicas de la existencia de un poderoso José consejero de “faraón). Y una tercera opción: el caso de los iksos en Egipto, una infiltración pacífica de sectores sirio-cananeos a comienzos del siglo XVIII aEC que habría seguido con la ocupación violenta por los  “Reyes Pastores” apuntalados por los hititas con caballos y carros de guerra.

Los desplazamientos eran también menores, producto de la generalización de intercambios comerciales a lo largo de la Media Luna Fértil y en particular a través de Canaán. Las tribus de pastores y las comunidades de campesinos complementaban sus economías con el intercambio del surplus que producían, o asumían la protección de las tierras a cambio de un pago en especies. Ese intercambio adquiría un aparente nivel de abstracción cuando se traducía en una supuesta libertad de comercio (venta de sus productos, servicio de transporte, intermediaciones, peajes) contra el pago de tributos; fue el caso de Judá con el Nuevo Imperio Asirio, con Babilonia, con los persas y con los Seléucldas. De ahí la importancia de la actividad comercial que caracterizó la formación de las etnias enla región de la Revolución urbana.

Eran situaciones que para poder enfrentar el temor de las incertidumbres climáticas y las catástrofes o para favorecer el espíritu guerrero, se hizo necesario reforzar la mística religiosa. Con ese espíritu y la dinámica de la creación de un surplus con miras al desarrollo, los enfrentamientos eran frecuentes y las contingencias coyunturales significaban la amalgama de comunidades o el dominio de unas sobre otras.

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