ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

Israel ya es un Estado binacional, y lo ha sido por un largo tiempo

Por Gideon Levy

El debate debe comenzar a cambiar ahora. No más estar proclamando ‘dos estados’ y ‘Estado Judío’. La tarea ahora es bregar Quelle: http://www.xs4all.nl/~ameul/gastenfotos.htmque sea un estado justo.

Un manifestante sostiene una bandera, diseñada como una bandera de Israel con los colores nacionales palestinos, en una demostración contra las nuevas medidas de austeridad establecidas a ser incluidas en el presupuesto de Israel 2013-2014.  

El terror, la conmoción, repulsión y resistencia a la idea de un solo Estado que agita a cada sionista israelí son emociones comprensibles. Son huellas dejadas por los 120 años del sionismo y 120 años de luchar contra el pueblo palestino, con todos los temores, odio, ideología, propaganda y lavado de cerebro. Por otra parte, los precedentes contemporáneos, desde los Balcanes hasta Irlanda del Norte, no auguran nada bueno. La solución de un estado es el más oscuro de los demonios, que conducirá a la madre de todos los desastres: al retorno de los refugiados palestinos. Intifadas, las guerras, el terrorismo, la tiranía, la guerra civil y el Armagedón palidecen ante el terror que produce la idea de una democracia binacional que golpea  el corazón israelí. El retorno es la absoluta apocalipsis.

Eso es lo que pasa cuando los miembros de la nación vecina son considerados como no humanos. Eso es lo que ocurre cuando se vive a la sombra de un trauma en la que alguien asegura en fomentar, magnificar y distorsionar su impacto. Como resultado, un estado binacional es visto como una invitación al suicidio. Con ese tipo de arranque, cualquier cambio en la mentalidad es un objetivo muy lejano de alcanzar. Este Israel nunca aceptará libremente a los palestinos como ciudadanos con igualdad de derechos. Y podemos confiar que el primer ministro haga su parte. La semana pasada, en respuesta a las advertencias del Secretario de Estado, John Kerry, sobre armas apocalípticas, Benjamin Netanyahu, declaró con firmeza: “Israel no va a ser un estado binacional.”

Si el primer ministro dice que Israel no será un estado binacional, entonces por supuesto este no será. Sólo hay un pequeño detalle desde el terreno de los hechos fácticos: durante más de 48 años, Israel ya es un estado binacional. No hay otra manera de describirlo: un estado que gobierna dos naciones es binacional. Tampoco hay indicación alguna de que esta situación esté a punto de cambiar. De modo que la campaña de infundir temor se derrumba como un castillo de naipes. Resulta que el desastre ya está aquí y no es el fin del mundo. En Basilea, Teodoro Herzl fundó el Estado judío; 70 años después, en 1967, llegó a su fin y se convirtió en un estado binacional. Durante la mayor parte de su historia, en ese caso, Israel ha sido un estado binacional. El demonio terrible es la realidad.

¿Y quizás el diablo no sea tan terrible? En la más cruel, más injusta situación que pueda ser imaginada – en el que un Israel binacional mantenga un régimen de apartheid en los territorios y un régimen que discrimina a sus ciudadanos árabes – las terribles profecías no se han hecho realidad. No hay guerra civil, no hay matanzas al estilo yugoslavo. Cada tanto hay un levantamiento, cada pocos años hay una pequeña guerra. Israel vive luchando; esto no es el fin del mundo, ciertamente no, según su propia apreciación. Entonces, ¿cuánto peor podía ser si el binacionalismo se convirtiera también en democrático? ¿Y por qué no puede ser que el carácter judío del Estado, lo que sea que esto signifique, se conserve en una democracia binacional, junto con el carácter nacional de la segunda nación?

Los defensores de la solución de un solo estado están tratando de presentar una demente proposición: el establecimiento de un régimen justo, una democracia igualitaria para todos, no sólo para los judíos. Esa es toda la historia, toda la catástrofe. El contexto de esto es otro hecho que está ganando cada vez más reconocimiento en Israel y algo más: la inutilidad de la alternativa. Es cierto que todavía hay gente que se entretiene con la idea de dos estados, ya sea por inercia o por el deseo de inducir al engaño, con el fin de preservar el status quo. Y todavía hay personas que piensan que es posible establecer un Estado palestino en donde reine la justicia más allá de las fronteras de 1967, sin la evacuación de todos los asentamientos y sin resolver el problema de los refugiados. Eso es una locura. Nunca ha habido un gobierno israelí que crea en esa solución: La prueba es que nadie seriamente detuvo la construcción de los asentamientos, cuyo objetivo esencial fue impedir tal opción.

El camino es largo y duro, pero el debate debe comenzar a cambiar ahora, al menos para los pocos que quieren vivir en un estado más justo. Deben dejar de proclamar “dos estados” y “Estado judío”, y comenzar a hablar sobre realidades. Y la realidad es que el Estado binacional ha estado aquí presente por mucho tiempo. La tarea ahora es hacer que éste sea justo. Eso es mucho menos aterrador y peligroso que cualquier otro escenario.

Fuente: Haaretz 13/12/15                                      Traducción: Israel Laubstein

 

 

 

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