ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

ETIOPÍA, un pasado que es presente

karoEste artículo se encuadra en nuestra tarea investigativa sobre el neocolonialismo en diferentes países de África. Aunque el neocolonialismo en su implementación es en general el mismo, es diferente en cada país. Etiopía es un caso particularmente interesante, nos lleva a una dimensión temporal inesperada. Vale primero ubicarse en el contexto.

Etiopía está situado en el Cuerno de África (la penetración del continente en el Océano Índico). Después de Nigeria, es el segundo país más poblado de África, con una densidad de 80 hab/km2, similar a la de Egipto, Rumania y Grecia; está rodeado por seis países. No tiene salida al mar; los 50 km que lo separan del Golfo de Adén atraviesan Yibutí, la ex Somalía francesa. Su nombre derivaría de Ityopp’is, de origen bíblico; el de Abisinia, con el que en algún momento se lo designó, derivaría de Habech, nombre con el que los árabes daban a la región norte del país.

Algunas de sus particularidades geológicas y geográficas le confieren un interés relevante. Está atravesado por el Gran Valle del Rift, una fractura geológica entre la placa tectónica africana y la índica que dio lugar a la formación de los Grandes Lagos (el Victoria, el Alberto, el Rodolfo o Turkana) con una red hidrográfica que comprende los ríos Nilo Azul, Omo y Awash. La región tropical en la que el país está ubicado en la Era Terciaria sería semejante al sahel, una región intermedia entre los bosques y la sabana, favorable a la evolución de los primates en su transición a la hominización. Fue precisamente en el valle del río Awash donde en 1974 fueron encontrados los restos fósiles del esqueleto casi completo de un australopitheco mundialmente conocido como Lucy, que dataría de unos 3,7 millones de años.

Además de Lucy, fueron numerosos los fósiles de este género encontrados en la región. Los australopitecos son c[onsiderados unos de los puntos de partida de los primeros homínidos en la línea de evolución del género Homo: bípedo erguido, cazadores, carnívoros y caníbales. En el valle del Río Omo fueron encontrados también los primeros fósiles de Homo sapiens; son los llamados Omo I y Omo II, con una edad estimada de 195.000 años.

Separada de la Península Árabe por el estrecho de Bab-el-Mandeb, de sólo 26,5 km, es probable que Etiopía, hace unos 60.000 años, fuera lugar de paso de las primeras migraciones humanas fuera de África.

Trasladándonos ahora a situaciones más recientes, en el período histórico, Etiopía fue el país más antiguo de África conformado como reino y uno de los primeros en adoptar el cristianismo como religión oficial (siglo IV).

Cabe también señalar su conexión con el judaísmo a través de las historias bíblicas. El reino de Aksum, antecedente histórico de Etiopía, habría ocupado la región norte del país extendiéndose hasta el Mar Rojo a través de la franja de Eritrea y del minúsculo Yibutí. Habría sido fundado por Aethiopis, bisnieto de Noé por la línea de Cam o Châm (uno de los hijos de Noé, los otros dos: Sem y Japhet). En el siglo XII EC accedió al poder una dinastía llamada “salomónica” que se considera fundadora del reino o Imperio Etíope; sus miembros se decían descendientes de MenelikI, hijo de Salomón y de Makedda la reina de Saba.

Sobre la ubicación del Reino de Saba no hay elementos históricos que lo precisen. Se lo suele situar en correspondencia con la región de Etiopía, aunque también se lo ubica en la región de Yemen, en la Península Árabe; o a caballo de ambos territorios. Sus soberanos tomaron el título de negus-se-néghed (emperador, rey de reyes). Con interrupciones, la dinastía gobernó el país hasta 1974. El último negus Haile Selassie, El León de Judá, gobernó el país durante dos períodos, 1930/1936 y 1941/1974. Los cinco años intermedios corresponden a la ocupación italiana y a la Segunda Guerra Mundial. Fue derrocado por un golpe comunista prosoviético.

Haile Selassie era un firme colaborador de los países occidentales, con numerosas participaciones en la ONU y múltiples agasajos de los presidentes occidentales. A la cabeza del régimen autocrático que sustentaba, acuciado por la presión popular y la probable sugerencia de sus amigos occidentales, no pudo evitar, aunque haya introducido algunas reformas, que el neocolonialismo dejara su impronta en el país: la existencia de un desarrollo desigual. En el caso de Etiopía la subsistencia de bolsones de extremado primitivismo.

Junto a Liberia, Etiopía, exceptuando los cinco años de ocupación italiana, es el único de los estados africanos que nunca fue colonizado por los europeos. Esa circunstancia, la milenaria existencia del país como reino independiente y algunas de las particularidades geológicas que hemos señalado, darían pie para explicar esa particularidad. Es así como en la Etiopía del subdesarrollo continuaron existiendo tribus cuya estructura social, sus actitudes y formas de vida son probablemente similares a las del género humano en las etapas iniciales del devenir histórico.

En el valle del Rio Omo vive actualmente una población de 200.000 habitantes rep

6 para etiopia Valle deI Rif

El Valle del Rif

artida en una variedad de tribus con diferentes nombres: los hamer, mursi, kara, nyangaton, kwegu, dassane, surma (o suri), bume, galeb, y bodi. Son tribus de agricultores y pastores seminómadas aisladas, asentadas sobre elevaciones a lo largo del río, verdaderas islas en un mar de lodo durante la época de lluvias. Están situados a tres horas de la única comunicación con los centros urbanos, caminos anegados por el polvo o cubiertos por el lodo de las lluvias tropicales.

 

Viven de las plantaciones de sorgo y maíz que cultivan con rudimentarias herramientas, mientras los pastores deambulan con su única riqueza, las reses y las cabras, en busca de mejores pastos. En ese limitado entorno están los elefantes, una apreciada posesión en cuanto su carne es parte importante de su alimentación.

Conforman comunidades agrupadas en aldeas de unas 200 personas, un amontonamiento de chozas, corrales de cabras y cercos para granos. Escalonadas a lo largo del Omo, cuando no guerrean, intercambian sus productos cargados en canoas a lo largo del río infectado de cocodrilos.

Protegidas del mundo exterior por la muralla orográfica del Gran Valle del Rift, han escapado de la contaminación sociocultural del mundo “avanzado”. Encerradas en un mundo milenario, esas tribus han conservado los mitos, costumbres y rituales de épocas pretéritas. Las máscaras, disfraces, adornos, danzas, tatuajes, cicatrices, la infibulación, flagelaciones (castigos corporales auto exigidos por las mujeres), son expresiones en las que la brujería cubre el temor a lo desconocido, a las fuerzas de la naturaleza, a las enfermedades. Eso no impide que se traduzcan en manifestaciones estéticas, cargadas de una asombrosa creatividad.

Cada tribu tiene un jefe, un “rey” con la autoridad indiscutida e indiscutible de un brujo. Es él el que tiene la verdad, el que protege al pueblo, el que habla a los cocodrilos para que permitan que los pastores y sus rebaños bajen a beber y que los niños naden en el río. Porque hasta donde alcanza la memoria humana ningún cocodrilo ha tomado una vida humana de la aldea. Así, cuando un “europeo” pregunta por qué si puede convocar la lluvia, no lo ha hecho para evitar la inmensa sequía, el rey con una expresión de desgano de quien responde a un descreído, le contesta: “Las personas no recurrieron a mí, no hicieron sacrificios para pedir la lluvia. Al no hacerlo es como errar el camino y perderse en el territorio de los cocodrilos”.

Su autoridad no le ha sido otorgada por los hombres. Ese lugar es suyo, lo recibió de su padre y del padre de su padre. “Si hay un problema con el ganado, con las personas, con la tierra, ‘yo’ lo resuelvo; si hay algún problema en mi reino, la solución soy yo”. Y los ancianos asienten con la cabeza y los jóvenes bajan los ojos reprimiendo su rebeldía.

Las tribus del Omo son pueblos pacíficos, pero una disputa, una diferencia, la rivalidad por el favor de una muchacha y, por supuesto, una muerte pueden ser motivo de una enemistad, de una guerra. La paz y la guerra son parte de su historia. Por eso su aislamiento no ha impedido que reemplazaran las lanzas y las flechas por poderosas armas largas, incluso poderosas AK-47.

Le temen a las balas pero más a la maldición. “Las balas pueden fallar”, dice un muchacho con un rifle cargado al hombro, “la maldición no”. Porque la maldición está en todas partes y puede llegar a todos.

Las tribus del Omo tienen un trato particular con la muerte. La práctica del asesinato por la mingui es una muestra. La mingui es una maldición. Si un niño nace con alguna “malformación” (hasta a veces cuando los dientes superiores salen antes que los inferiores) o fuera de las normas tribales, el niño debe ser asesinado antes que la mingui se difunda. Cuando en una situación cualquiera hay una discusión, un tiroteo y una muerte, sobre todo entre individuos de distinta tribu, nace la venganza. La muerte exige una venganza, el que mató debe morir; el hombre que mata a un enemigo es condecorado, y el que no lo hace carga de por vida con el peso de su incumplimiento y es objeto del estigma de toda la tribu. Es la muerte por venganza. Es una exigencia de los muertos, una exigencia en sociedades no estructuradas, en las que las relaciones entre los individuos son lineales, sólo interferidas por las maldiciones, sin la complejidad de las relaciones en red. Sociedades en las que las actitudes espontáneas no han sido reprimidas como en “Occidente”.

Nos preguntamos ¿en Occidente es realmente así? En Occidente la venganza se deja en manos de la justicia, de los tribunales. El hecho es que las instituciones de la justicia no forman parte de la estructura de la sociedad de los hombres del Omo, como con toda seguridad no formaban parte de la sociedad de los hombres primitivos. Aunque si nos detenemos un poco esos hombres no están muy lejos de “nuestro” Far West donde el Estado (a través del sheriff) no existía. El concepto de “no a la justicia por mano propia” ha sido introducido en una sociedad estructurada que se preocupa por mantener el equilibrio, los privilegios, evitar los excesos, los errores, los equívocos. Sin embargo, en nuestra compleja estructurada sociedad actual, cuando un miembro de una familia es asesinado, la muerte por venganza está en el fuero íntimo de uno y cada uno de nosotros, un designio que la presión social no siempre consigue reprimir. Pensemos en los linchamientos, en las dificultades por las que se ha atravesado (y se atraviesa) para introducir el “no” a la pena de muerte. Valgan esas contradicciones y la alegre pacatería con la que la sociedad horrorizada asevera que la trasgresión a las normas de nuestra sociedad civilizada corresponde a un mundo donde reina “la ley de selva”. Se supone que ese mundo es lejano, remoto e inexistente. Una suposición errada, porque la selva la tenemos hoy y aquí, o allí en la selva del Río Omo donde aún rige la ley que probablemente fue la de nuestros ancestros, los homínidos.

En esa ambigüedad en la que el pasado es casi un presente, nos preguntamos:

-. ¿Qué habría pasado si hubiéramos matado al elefante de un enemigo?

-. Habría sido un festejo doble: habríamos estado en posesión de su preciado bien y con su apetecida carne nos habríamos hecho un festín.

-. ¿Pero qué pasaría hoy si el muerto no fuera el elefante, sino el enemigo mismo? ¿Lo festejaríamos de la misma manera?

-. Sería canibalismo. Nos lo impedirían los principios éticos que rigen en nuestra sociedad.

-. No sé si no es para no preocuparse. La ley caería sobre nosotros con todo rigor y quedaríamos frustrados en nuestro íntimo deseo de aplacar nuestra sed de venganza. Una frustración por la que nuestros ancestros no habrán tenido que pasar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: