ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

ESTAMOS COMO EL MISMO CONGO

                                                     

Congo ArgentinaEn un momento preelectoral en el que los precandidatos que glorifican los éxitos del modelo no se dan cuenta que crecimiento no es desarrollo y no parecen querer saberlo, deberíamos plantearnos en qué mundo vivimos.

La respuesta no es sencilla y no puede ser breve. Los que declaran que hay que cambiarlo, no saben por qué reemplazarlo. Mientras el oficialismo no hace nada por evitar que los pueblos originarios sean despojados de sus tierras o que las recuperen, los liberales intentan aferrarse a un sistema en crisis tratando de introducir la idea de que el concepto de izquierda y de derecha ha perimido.

De lo que estamos seguros es de que el caos, agravado por manejos (o desmanejos) nacionales es general y los cambios por los que el mundo ha atravesado han implicado transformaciones importantes.

En la nueva coyuntura mundial, el capitalismo, con el capital financiero, la globalización y el neocolonialismo, tomó otras características: una población con niveles de vida y bienestar relativamente altos adelante en los países más avanzados, mientras el neocolonialismo se instalaba en los países africanos sometidos a una nueva forma de explotación con la sustitución del imperialismo exportador de capitales por el saqueo de sus recursos naturales (minerales, petroleros, forestales). Esa situación generó una ola de inmigración desde las regiones más pobres que implicó el fenómeno de los balseros africanos que se ahogan en sus intentos por entrar en el primer mundo.

Sicilia, Gibraltar y el Triángulo de las Bermudas, son un testimonio doloroso de la existencia de dos realidades, la del Norte y la del Sur. Dos realidades que no estamos muy seguros de que sólo estén donde se las ubica porque, al contrario de lo que algunos recitan el capitalismo en la forma de globalización y neocolonialismo, desdibujó las fronteras geográficas en latinoamericanas y podemos decir que el Norte y el Sur por lo menos en la Argentina, no existen

¿Cuál es la situación relativa los componentes que conforman el neocolonialismo?

Con sus bases, la extracción de los recursos naturales, se incrementaron a partir de la aparición del coltán, un combinado de columbita y tantalita que contribuyó al fabuloso desarrollo de la informática, las comunicaciones y otras importantes aplicaciones. La suba de precio de esos minerales y el de otros commodities intensificó la extracción en países como el Congo, además de otros países africanos.

Este desarrollo fue acompañado por la reinvención de otro modelo colonialista la trata de esclavos través de minas-talleres esclavos y la proliferación del trabajo en negro.

Para cerrar el circuito el neocolonialismo necesitaba la conformación de un sistema político con elementos nativos que participaran en el sometimiento de las poblaciones explotadas. Para ello contó con la colaboración de sectores políticos nativos, reyes y/o jefes tribales.

La conjunción de esos elementos determinó el acantonamiento en la miseria de la mayoría de las poblaciones africanas que con la prosperidad europea y la huida hacia el Norte en busca del “Dorado”, nos lleva a pensar en una situación comparativa entre por un lado Europa-África y por el otro América Latina, y la Argentina en particular. Algo así como un nuevo Tratado de Tordesillas de división Este-Oeste por una línea Atlántica de polo a polo, no ya entre dos imperios, sino entre los continentes: al Este Europa-África, y al Oeste, América Latina y la Argentina, en particular.

Veamos las similitudes y diferencias entre ambos hemisferios. América Latina (como África), ha sido tradicionalmente reservada en la división mundial de actividades fundamentalmente para la provisión de materias primas: Brasil, Argentina, Venezuela, Cuba, América Central.

Al final de la Segunda Guerra aparece en América Latina un fenómeno recurrente, que refuerza los elementos componentes del neocolonialismo. No nos vamos a referir a los gobiernos y golpes militares en los distintos países de América latina; nos referiremos al autoritarismo populista, la base política de dominación de los sectores populares, equivalente político contemporáneo del neocolonialismo en África por los sectores nativos.

Europa estaba hambrienta, necesitaba carne y la Argentina se la podía proveer: los “pasillos del Banco de La Nación estaban abarrotados de lingotes”: nació el peronismo. En Venezuela, el líder de la “revolución bolivariana” encontró la salida en el populismo corrupto y autoritario, con la anuencia de sus socios petroleros de la OPEP y las urgentes necesidades del “enemigo”, el imperialismo americano. Después de la Guerra Fría, en la Argentina, el populismo de la última década pudo salir del atolladero gracias al fenómeno de la soja. En febrero de 2001 el precio de la tonelada era de 150 dólares, en agosto de 2008 de 530 dólares; con la siembra directa que duplicó el rinde y el aumento de la superficie sembrada en aproximadamente un 30%, tenemos una idea de lo que el incremento meteórico de lo que significó la soja en cuanto a su precio y producción. La soja es el coltán de la Argentina. Vale reiterar: crecimiento, no es desarrollo.

El fenómeno es contradictorio, porque la Argentina es el Sur pero también el Norte; un país exportador de materia prima, un país de atracción de poblaciones de países periféricos (Paraguay, Bolivia, Perú), que aunque supuestamente respetuoso de los derechos humanos no impide que, como en África, prolifere el trabajo en negro, los talleres-esclavos y la trata de mujeres; que cierra los ojos a las condiciones extremas de trabajo y en el que como en Europa, aumentó la discriminación y el nacionalismo. Un país que no forma parte del Norte, de los países industrializados, ni alfabetizados. En el que con las zapatillas truchas, los jeans de baja estofa y el acceso a ciertos niveles de tecnología (celulares, DVD y TV), son numerosos los sectores que creen que con las salpicaduras del vaso desbordado del capitalismo van a poder emerger. En eso se apoya el populismo argentino; así nació la inmigración periférica y proliferaron los talleres esclavos y las “Saladas”.

Porque la Argentina y su “australísima” ubicación en el mundo globalizado, está en y es el Norte y el Sur, todos mezclados. Sorprendentemente, en la Argentina coexisten África y Europa.

¿Cuáles son los derechos humanos que el “modelo” argentino defiende con un desarrollo estancado, una inflación galopante (la tercera en el mundo), la corrupción, la impunidad, la protección de la renta financiera, el incremento del narcotráfico, el enriquecimiento de los sectores amigos, la proliferación de los medios estatales y pro-oficiales, los casinos, los bingos, las empresas constructoras con presupuestos incontrolados, los hoteles lava dinero y los desesperados esfuerzos por someter el Poder Judicial?. Lo que es cierto, no es sobre el modelo el que pensaban actuar. Lo demostraron al no intervenir en los talleres de trabajo esclavo, al no combatir las barras bravas.

No cabe la menor duda, en esta Argentina “problemática y febril” conviven ambos mundos: el primero y el tercero. Discépolo nos lo había señalado, hoy diría “junto al cable está el calefón”.

    1 de Julio de 2015

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