ENRIQUE DUNAYEVICH

Historia Judía no tradicional

AYLAN y el Relato Oficial

 El Neocolonialismo a cara descubierta

aylanLas facetas del drama.

Me da vuelta la cabeza horrorizado, con la imagen del desdichado Aylan depositado por las olas sobre la placentera playa turística de Bodrum, una trágica ironía. El tema de los refugiados data de varias décadas; son varios centenares de miles los que en los últimos años han conseguido infiltrarse en Europa. Pareciera que el “caso” de Aylan hizo saltar la tapa de la olla y que el mundo tomó conciencia de la gravedad del problema. Lamentablemente no es así y ni siquiera podemos decir si ese momento llegará en un futuro cercano.

El drama de los refugiados sirios tiene varias facetas. El punto de partida, es la impronta brutal del califato del EISI (ISIS, en inglés) que significó la huida de los que además que en la miseria, no se adherían a sus dictados. El tema del “califato” no lo incluiremos en este artículo; merece un tratamiento específico en cuanto debe comportar el análisis del fanatismo islámico y la interpretación del supuesto significado del término “yihad” como equivalente a “guerra santa”. El otro aspecto de la cuestión es mucho más amplio, incluye a los refugiados por la miseria y el hambre no solamente de Siria y en Medio Oriente, sino también de otros países, fundamentalmente del Continente Africano.

Son aproximadamente 350.000 los que en el último año han logrado atravesar el Mediterráneo por los pasos más estrechos: el de Gibraltar/Ceuta-Melilla, el de Tunes/Sicilia con las azarosas escalas en las islas de Pantelaria o de Lampedusa, por los alambicados derroteros por las Islas del Egeo. Están también los que después de variados recorridos lograron llegar a la “soñada” América por el Triángulo de las Bermudas (un “inolvidable crucero” entre Haití y Florida). Con esas cifras nos hemos referido a los que lograron el cruce, muchos, muchos más, fueron los “balseros” que se ahogaron o fueron capturados en el intento.

“Si dejamos venir a todos, será el fin de Europa”, dijo el primer ministro húngaro. La presión ha sido tal, que acuciada por la presión migratoria a través de la frontera con Serbia, Hungría ha decretado la emergencia inmigratoria con rigurosas leyes restrictivas y punitorias. En países de larga tradición progresista como Francia y Holanda, el nacionalismo xenófobo ha fortalecido partidos que hace unos años parecían desvanecerse.

 

La ONU y los Países Occidentales encaran el problema

Esta delicada situación nos conduce a analizar cómo la ONU y los Países Occidentales encaran el problema. Cuentan con un organismo ad hoc: el Alto Comité de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). ¿Pero cuál es la supuesta solución que están proponiendo? La de repartir el cupo de refugiados. Algunos, como la pequeña y lejana Islandia, se ofrecieron para recibir algunas decenas de familias. Otros, como España rechazaron la propuesta, “no estamos para esos envites, la política neoliberal de nuestros sucesivos gobiernos ha provocado suficiente miseria”. La respuesta de Grecia es equivalente, la intransigencia de la finanza internacional, como el Mediterráneo a los balseros, los está ahogando.

A la cabeza de los que ofrecen una colaboración está Alemania, que al igual que Austria ha abierto provisoriamente su frontera. Complementariamente y con anterioridad, en las afueras de diferentes ciudades se han organizado campamentos de refugiados (carpas y comederos). Nos preguntamos, y lamentamos sentirnos obligados a hacerlo, si en el fondo de esa actitud no aparece un sentimiento de culpa por el cerrojo que en su tiempo pusieron en sus fronteras a los judíos en sus ingentes intentos de salir de las fauces del nazismo, si no de escapar del horror de la Shoah.

La actitud de los países nórdicos y bálticos, aunque por el momento sin precisiones, es en principio favorable. Es conocida la generosidad con la que estos países, particularmente Suecia han abierto sus puertas a los refugiados políticos de los países latinoamericanos sometidos al terror de los regímenes dictatoriales, en particular a los la Argentina del llamado Proceso.

No nos vamos a referir a los países árabes, no por no europeos, el tema de los refugiados lo han “encarado” desde hace más de 60 años, desde la guerra de la Independencia de Israel. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes con sus recursos, se han “esforzado” en acantonarlos en verdaderos campos de miseria sin posibilidades de desarrollo y de asimilación para mantener vivo el fuego de la guerra contra el Estado de Israel.

La dramática situación no nos impide ocultar nuestra indignación por la manera cómo la ONU y los gobiernos Occidentales han encarado el tema. La situación es equivalente a la de un país donde ante la emergencia de una epidemia generalizada, las autoridades sanitarias se ocupan de buscar lugares de internación tratando a los afectados con paliativos hasta que se mueran. El problema principal no está en los efectos del mal, sino en sus orígenes y causas. Es a ello a lo que nos vamos a referir.

 

En el Mundo Globalizado                                                        

El hecho es que estamos ante una coyuntura mundial en la que no se puede seguir hablando de ‘imperialismo’ en los términos de Lenin en cuanto a enfrentamientos por el reparto del mundo inter imperios. Esa etapa terminó con la Paz de Versalles y el período intermedio que finalizó con la Guerra Fría. En la nueva etapa el capital financiero tomó un nuevo rol, el del capitalismo de la globalización. Los capitales de diferentes países están en todas partes, hasta en China donde se reparte le plusvalía con la burocracia del partido

Con la globalización y a través del neocolonialismo, se dieron dos situaciones simétricas en los países avanzados y en los subdesarrollados.

Por un lado, el capital financiero modificó su rol en los países subdesarrollados, particularmente africanos, reintroduciendo el colonialismo en la forma de neocolonialismo, remplazando el imperialismo exportador de capitales por el saqueo de las cuantiosas riquezas naturales de esos países (minerales, petroleras, forestales y agrícola-ganaderas). Una política que conllevó al acantonamiento en la miseria de la mayoría de las poblaciones.

Por otro lado, en los países dominantes, las salpicaduras del vaso desbordado por los beneficios del saqueo neocolonialista: las zapatillas truchas, los jeans, el acceso a los productos de las nuevas tecnología (celulares, computadoras, DVD y TV) y el sofocamiento publicitario, dieron lugar a que los sectores marginados de los países subdesarrollados creyeran ver que allí (en los países dominantes) estaba la salida de la situación de miseria

Ese contexto generó la ola de migraciones Sur-Norte. Una situación de desesperación por entrar en el primer mundo, origen del nacimiento del drama de los “balseros”. “Habría que proveerles salvavidas o medios de navegación más seguros”, podría proponer un iluminado. ¿No será mejor no mirar a un costado, y animarse a ver las raíces del problema?

Vamos a intentar mostrar cómo, en el mundo globalizado, el neocolonialismo, dio lugar al nacimiento de la corriente de migrantes que buscan refugio en el Norte.

El neocolonialismo es un fenómeno mundial, fundamentalmente focalizado en África, lo hemos tratado en el artículo La Gran Guerra en África. Lo analizaremos aquí tomando a Nigeria, además del Congo, dos ejemplos que consideramos emblemáticos en cuanto sometidos al despojo de sus cuantiosos recursos naturales por el neocolonialismo, gran parte de su población está subsumida en el hambre y la miseria y busca en la emigración, una salida.

Nigeria tiene una población de 185 millones de habitantes, es el país más poblado de África y el séptimo del mundo (superando a Rusia Euroasiática y a Japón); tiene una superficie de 925.000 km2 y una densidad de población de 200 hb/km2.

En los siglos XVII y XVIII, los comerciantes europeos establecieron puertos costeros para el tráfico de esclavos. En el siglo XIX el comercio de mercancías comenzó a desplazar a la trata de esclavos. La Compañía Real de Níger fue establecida por el gobierno británico en 1886. Con la independencia en 1960, el protectorado británico terminó. A partir de ese año comenzó la explotación del petróleo. Con 15.600 millones de barriles en reservas de crudo y más de 3 millones de m3 de gas natural, Nigeria, país agrícola y de pastoreo, pasó a ser un país que además de proveedor de petróleo y gas, desarrolló la industria petroquímica, la de automóviles (que también se encuentra en manos de empresas extranjeras). Con un crecimiento del 9% en 2008 y una balanza de pagos netamente favorable, es uno de los países africanos que más se han desarrollado: con un PBI de u$s 332.000 millones y un PBI/cap de 1800 u$s. En el otro platillo de la balanza está la agricultura y la ganadería que ocupan al 50% de la población, con una producción que apenas puede abastecer la demanda interna: la mayoría de los nigerianos vive con menos de un dólar al día. El sector provee el plus de mano de obra que la industria necesita para mantener los salarios bajos. En ese contexto económico y demográfico Nigeria es uno de los proveedores de materia humana de los naufragios de las balsas piratas. Este es el balance de la actividad neocolonialista en el país más próspero de África.

El Congo ex Belga tiene 74 millones de habitantes, alrededor de 2,5 veces menos que Nigeria. Con una superficie de 2.340.000 km2 tiene una densidad de 31,6 hb/km2 es decir es 6,3 veces menor. Rodeado por diez países, con 37 km de línea de costa sobre el Golfo de Guinea es en su historia reciente, el epicentro de una activa lucha por el reparto de sus riquezas mineras, con una importante producción de piedras (diamantes), metales preciosos (oro y plata) así como de codiciados minerales ricos en cobalto, cobre, cadmio, zinc, estaño, bauxita y hierro de gran valor industrial; además de otros minerales cuyo interés tecnológico es más reciente, a los que nos referiremos más abajo.

Una situación que caracteriza al Congo ex Belgala, la de proveedor de recursos naturales a los imperios coloniales, prácticamente desde su descubrimiento en el siglo XVI. Los portugueses y los holandeses fueron los primeros en su procura, complementada por el marfil, animales, plantas exóticas y maderas forestales que Europa también codiciaba. Fue un anticipo del neocolonialismo como actividad fundamentalmente exportadora de recursos naturales, que comienza a conformarse a partir de los años 60. Siguieron los franceses, los alemanes y los ingleses. Unos y otros intensificaron la actividad extractiva y la complementaron con la trata de esclavos.

En 1885, los belgas con un desenfadado cinismo, concibieron la apariencia de un estado independiente: el Estado Libre del Congo, patrimonio del Rey Leopoldo II de Bélgica. Con ese encuadre, continuaron con la explotación de los recursos naturales con un régimen de terror con características equivalentes a las de los tiempos de la trata: las privaciones, castigos sistemáticos, produjeron un elevadísimo número de víctimas que prefiguran el neocolonialismo

A partir de 1908 la presión internacional pudo más y el Congo, rebautizado Congo Belga dejó de ser patrimonio del rey para devenir patrimonio del Reino Belga. El saqueo continuó, completado por otro de los elementos que configuran el neocolonialismo: las inversiones sectorizadas. Se estableció una especie de paternalismo que mantenía a la mayoría de los nativos en los niveles mínimos de supervivencia y promovía inversiones como la construcción de vías férreas, puertos y caminos que la explotación de los recursos minerales requería. Para satisfacer las necesidades de la minoría blanca y asegurar la colaboración de un sector de la población nativa se construían escuelas, hospitales y viviendas. Ello no excluía la participación de los jefes tribales en el reparto de los beneficios. En la Segunda Guerra Mundial, con el país ocupado, los belgas participaron en la lucha contra el nazismo con el aporte de una legión de congoleños como carne de cañón, una cómoda y generosa contribución.

En la década del 50 el saqueo continuaba; los trabajos forzados aún subsistían, las relaciones entre congoleños y belgas devinieron más y más tensas. Fue la época de la ola de enfrentamientos independentistas. En conjunción con el nacimiento del neocolonialismo, en los 60 las potencias europeas acordaban la independencia de sus colonias.

El Necolonialismo

Las décadas que siguieron (casi cuarenta años) fueron de agudización de la Guerra Fría, la afirmación de la Globalización y el comienzo del Neocolonialismo

África va verse envuelta por el enfrentamiento de sectores que pugnaban conforme a sus intereses respectivos: los sectores nativos que perseguían la independencia, los ligados a los soviéticos en sus intentos de penetración y a las potencias imperiales que en el plano de la globalización configuraban el neocolonialismo.

Los movimientos por la independencia no tuvieron siempre una continuidad alentadora. Las luchas en general no culminaron con regímenes particularmente de avanzados. El 30 de junio de 1960 Bélgica otorgaba la independencia al Congo. El liderazgo independentista de Patrice Lumumbá fue interrumpido por el golpe de Moshé Tshombé en un intento separatista por mantener Katanga y sus recursos minerales bajo el estatus colonial. La destitución de Lumumbá por Desiré Mobutú fue el inicio de 36 años de su poder dictatorial.

Los intentos de penetración soviética se manifestaron en el apoyo al gobierno nacionalista de Argelia, al de la República Unida Árabe-Siria de Nasser, a la independencia de Andola, al derrocamiento del Emperador Halei Selassie de Etiopía, a los golpes políticos que instalaron regímenes marxistas-leninistas como los de la República Democrática Somalí, los de la República Popular del Congo (ex Francés), los la República de la Revolución Popular de Benín. La vigencia de esos gobiernos fue en general efímera, terminaron por ceder a la presión neocolonialista de las potencias europeas, en algunos casos en correspondencia con el fin de la Guerra Fría.

Las potencias occidentales constituían el tercero de los sectores en pugna; pusieron en marcha los mecanismos de explotación del neocolonialismo, en todas y cada una de las nuevas repúblicas (a veces reinos y hasta “imperios”). Fue un cambio de formas pero no de contenido. Los territorios coloniales dejaron de ser dominio exclusivo de las potencias imperiales respectivas: los territorios de África Occidental, Territorios de Ultramar de Francia, los de África Oriental, Dominios del Reino Unido, Angola y Dominios de Portugal y el Congo Belga de los belgas. Los alemanes habían sido despojados de sus colonias en Versalles. En sus propósitos el neocolonialismo iba a favorecer a través de las empresas o consorcios multinacionales o seudo nacionales el usufructo directo de los recursos naturales africanos, como lo habían sido La Unión Minera del Alto Katanga y la Compañía Nacional Petrolera del Congo francés. Las potencias imperiales iban a ser custodios de sus intereses. Profundizando la política de colaboración y de participación de los usufructos iniciada por los belgas, en el encuadre de la independencia iban a buscar el apoyo de sectores de las poblaciones nativas que, conforme a sus ambiciones personales, de poder o de usufructo, estarían en condiciones de adoptar posiciones de gobierno o de administración funcionales a las actividades administrativas y políticas de las nuevas repúblicas. Una política similar iba a ser aplicada a la variedad de jefes tribales que podían manejar la población nativa a través del artilugio de las tradiciones rituales, de los mitos animistas o de la investidura del cristianismo introducido por los europeos.

 

La fiebre del coltán

En el marco de la Globalización, de la ruptura del dominio exclusivo de los territorios coloniales y de la Guerra Fría, Mobutú fue funcional a los intereses de las potencias coloniales. Les fue útil para frenar los avances soviéticos; su intervención en el conflicto con Tshombé les había dado lugar a introducirse aunque sea parcialmente en la región. No era esta una situación ideal. Katanga había sido recuperada por el Congo pero bajo la férrea dictadura de Mobutu; a ello se sumaba su actitud nacional-africanista y su desembozada corrupción.

En los 90 se dio una situación nueva. Tuvieron lugar importantes cambios que van a dar pie a una modificación en la actitud y en la política de las potencias coloniales, cambio en el orden político internacional y en el ámbito económico industria. Por un lado el fin de la Guerra Fría y por otro el descubrimiento de las propiedades de minerales hasta entonces prácticamente sin aplicación industrial. Nos referimos al coltán, un compuesto de colombita y tantalita (óxidos de niobio y de tántalo con hierro y manganeso), un descubrimiento que revolucionó la fabricación de los chips de los procesadores y celulares por su capacidad de almacenar cargas electrónicas en volúmenes muy pequeños. Su aplicación significó un fabuloso avance en la informática y en las comunicaciones. Su explosiva difusión mundial fue fundamental en la industria de dispositivos electrónicos, de celulares y en un extendido rango de aleaciones metálicas, y de aplicaciones aeronáuticas y quirúrgicas. Esta situación sumada al hecho de que sus componentes eran relativamente escasos en la naturaleza, produjo una acelerada demanda mundial de las aplicaciones y un incremento meteórico de su precio y de su producción.

Resultaba inevitable que los EEUU y los países coloniales europeos reencausaran sus objetivos políticos con miras a asegurarse el control de los recursos económicos, en particular los de Katanga, con un interés incrementado por el fenómeno del coltán.

¿Cuál fue la estrategia que los gobiernos de las excolonias iban a implementar, en tanto actores en los primeros planos de la escena, custodios de los intereses de las empresas trasnacionales a cargo de la explotación directa de las minas?

El objetivo primero, era derrocar a Mobutú y tomar el control efectivo de Katanga. Este objetivo debía ser integrado dentro de una estrategia general más amplia. Sus bases de apoyo serían Burundi, Ruanda y Uganda tres países que conjuntamente con Katanga formaban parte geográfica de la Región de los Grandes Lagos, al Este del Congo.

No eran países particularmente relevantes. En primer lugar, no tenían salida al mar. Por el oeste, 300 km en vía recta hasta la Puerta del Infierno sobre el río Congo y de ahí por 3.000 km fluviales hasta su desembocadura en el Atlántico y por el este, 600 km en vía recta por Tanganica hasta el Índico. En cuanto a sus particularidades, Ruanda y Burundi (dos de los países continentales más pequeños del África) eran países agotados por la guerra, escasos en recursos mineros. Burundi era uno de los cinco países más pobres del mundo con suelos erosionados y desforestado. Ruanda, conjuntamente con Uganda había sido teatro de una cruenta guerra protagonizada por los hutus y los tutsis, (el llamado Genocidio Ruanda). Esas características, aparentemente negativas, jugaban a favor de los intereses americanos y de las potencias europeas: podían ser fácilmente dominados. En el frecuente juego de los golpes y de las conspiraciones, en Uganda Yoweri Museveni llegó al poder como presidente, era amigo personal del presidente americano; en Ruanda, asumió la jefatura Paul Kagame, un joven militar educado en los EEUU. Burundi, era un país fácilmente manejable, los golpes y los presidentes sin representatividad, se sucedían. Las bases políticas del emprendimiento estaban aseguradas.

En cuanto a las fuerzas militares, la conjunción euroamericana contaba con la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (AFDLC) que dirigidas por Laurent Désiré Kabila, un marxista, consecuente opositor de Mobutu, agrupaba a los que habían apoyado a Lumumba. En el emprendimiento iban a coparticipar mercenarios franceses y belgas; eran la expresión de la política multinacional neocolonialista.

En diciembre de 1996, fue el comienzo de la Gran Guerra de África o Guerra General Africana que en su etapa inicial, la llamada Primera Guerra del Congo, tenía por objetivo deponer a Mobutu. Iba a durar 9 meses (1996-1997).

Después de más de treinta años de dictadura, el poder de Mobutu se había debilitado. Las tropas gubernamentales fueron rápidamente derrotadas. Kinshasa, ex Leopoldville y Lubumbashi, con anterioridad Elisabethville, capital de Katanga, fueron tomadas. Laurent-Désiré Kabila se convirtió en el nuevo presidente de la República Democrática del Congo.

El neocolonialismo a cara descubierta

La caída de Mobutu puso al descubierto la oposición de propósitos en las fuerzas triunfantes. Kabila, pretendía retomar la explotación de los recursos mineros del Este en beneficio del Congo. Sus intereses no eran los de los países coloniales ni tampoco los de Ruanda y Uganda, con las miras a usufructuar los recursos del Este. Fue el comienzo de la Segunda Guerra del Congo. Además del Congo, de Uganda, Ruanda y Burundi, participaron en el otro bando, de una u otra manera e intensidad, Angola, Zimbabue, Namibia, Libia, Chad y Sudán, lo que justificaría que el conflicto fuera designado también como Guerra Mundial Africana.

Laurent Kabila fue asesinado y sustituido por su hijo Joseph Kabila. Las propuestas de acuerdos comerciales de compañías mineras de Estados Unidos, Canadá e Israel terminaron por doblegar sus propósitos independentistas iniciales. El Neocolonialismo siguió afirmando su derrotero. Los recursos del Congo, especialmente los minerales fueron repartidos caballerosamente entre los contendientes. Con la debilidad institucional que el colonialismo había legado, entre guerras étnicas, reclamos fronterizos, acuerdos y rupturas, la guerra se extinguió aproximadamente entre 2003/05.

Como saldo quedó al descubierto la manera espuria cómo el neocolonialismo llevó adelante su política expoliadora.

El Congo es el segundo país en superficie en África (después de Argelia) y el segundo en población (después de Nigeria), con una localización ecuatorial, con altísimos índices pluviales y con el Río Congo, con sus numerosos afluentes de una extraordinaria regularidad que irrigan una cuenca cercana a los 3.700, 000 Km2, el segundo más largo de África y el segundo más caudaloso del mundo. Una ecología que dio lugar a una selva de una exuberante riqueza forestal y animal y a una de las mayores diversidades biológicas del planeta, el complemento de las reservas minerales de una región de sabanas y montañas.

Sería presumibles que con esas condiciones ecológicas y climáticas, con esa riqueza forestal y animal y esos recursos minerales la prosperidad del país y su desarrollo humano estuvieran asegurados.

Es indudable que los aproximadamente ocho años años de la Gran Guerra del Congo, además de incidir en el crecimiento demográfico, paralizaran el desarrollo del país; pero el estancamiento bélico reciente no explica el retraso durante medio siglo de independencia.

El hecho es que la extracción de los recursos naturales fue practicada por el neocolonialismo en condiciones de explotación extremas. Como cifras indicativas, mientras el costo directo de explotación del coltán en 2013 era de 1u$s/kg su precio de mercado en Londres fuera de aproximadamente entre 250 y 400 u$s (una información dispar pero igualmente significativa).

El método de extracción es tan arcaico, que podríamos remontarnos al de la fiebre del oro en los EEUU. Un régimen de una brutalidad en el que los niños y los pigmeos son particularmente preferidos por su tamaño para introducirse en las sinuosidades de los túneles; estándares equivalentes a la esclavitud.

En cuanto al régimen laboral comporta tres sectores. El del sector minero, con una remuneración semanal de entre 10$ y 50$, el del trabajador congoleño normal que gana alrededor de 10 u$s mensuales y un sector de trabajadores sin relación de dependencia que con los mineros constituyen la quinta parte de los trabajadores del país. Son los cazadores de elefantes, de gorilas y chimpancés, traficantes de marfil y de cuero en el mercado de exportación. Este sector es al mismo tiempo el de los proveedores de la carne de los animales que matan, el alimento básico del sector minero, al que pese a su elevado precio los mineros pueden acceder dado el valor diferencial de su salario. Con esos proveedores que podríamos llamar “infraestructura logística”, la economía del neocolonialismo cierra el circuito de conformación del salario como reproductor de la fuerza de trabajo.

¿Qué ocurre con los cuatro quintos restantes de la población? El 57% vive por debajo del nivel de pobreza, que se ha mantenido en los niveles anteriores a la independencia.

Con una población de 74 millones de habitantes, alrededor de 2,5 veces menos que Nigeria; con una superficie de 2.340.000 km2, el Congo tiene una densidad de 32 hb/km2, con un PBI de u$s 25.000 millones, 13,2 veces menor que Nigeria y un PBI/cap de 330 u$s 5,4 veces menor que el de Nigeria Ocupa uno de los-últimos lugares en África junto con Zimbabue y Burundi. Una situación que explica que haya generado una emigración constante, con la Unión Europea como destino habitual, y un final anunciado en el cruce del Mediterráneo…

7 de Agosto de 2015

 

 

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